jueves, 19 de mayo de 2011

IndieFilmFest - Parte 1


Esta es una historia de ficción .Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia.
¡Posta!



… y la parte superior del trípode da en mi cara y quedo desorientado y recibo un golpe en el estómago y me doblo pero no quiero caer y siento un golpe en la espalda y otro y otro y logro enderezarme y tiro un manotazo para agarrar una de las patas del trípode y me golpean en el pecho y trastabillo y caigo de costado sobre algo afilado en el piso y cierro los ojos y me muerdo para contener el grito y me agarro el brazo y estoy todo empapado por el sudor y la sangre y lo escucho y abro los ojos y veo al hijo de puta acercarse con el trípode roto y lo levanta como si fuera un bate listo para hacer jonrón con mi cabeza…
¡Stop, stop! Así no empieza esta historia. Ni ahí. Hay bocha para contar. Sí, están por reventarme, pero les contaré todo.
Hagan de cuenta que esto es como los primeros minutos de Fight Club, por ejemplo.
Obviamente, empezaré por el principio: una semana y pico atrás, cuando…


1-Kat Dennings

… cuando estaba en el gimnasio, practicando kickboxing con una bolsa de arena. Prefería pelear contra gente, pero o temían perder o me dejaban ganar por lo bien que los garchaba. Quienes hacían lo segundo se quedaban mirándome dar piñas y patadas. Como Bugs y dos boludos más, en ese momento. Solían prendérseme peor que los abrojos. Que de fondo sonara “Higher Ground”, de los Red Hot Chili Peppers, debía ponerlos más al palo.
—Está sonando tu Sony Ericsson —escuché decir a Bugs.
Le pegué una última patada a la bolsa, lo miré.
Bugs sostenía mi celu. Con esas sonrisitas, él y las otras dos locas me provocaron náuseas.
—Estoy pensando en cambiar de gimnasio —dije, bien mala onda, y le arrebaté el Sony. Había un mensaje de mi amigo Matt, queriendo saber cuándo podría pasar por casa a buscar la edición en blu-ray de Scott Pilgrim Vs. The World. Mientras leía, los maricones no dejaban de admirar mis músculos y mi abdomen, transparente porque el sudor pegaba la remera al cuerpo.
 —¿Alguna cita? —dijo Bugs, ahora sin sonreír.
Cuando cogés con alguien estando borracho o drogado, a veces cuesta sacártelo de encima. Bugs no valía la pena ni para presentarle a mi Bowie.
Me di vuelta, llamé a Matt y le dije que tenía la copia encima (retirada de la Aduana unas horas antes) y que nos encontráramos en algún lugar en media hora.
 —¿Por dónde andás? —le pregunté.
—Sigo en la facu —dijo—, pero en un rato salgo y voy para Master Shopping, por el festival.
—¿Qué festival?
—El IndieFilmFest. ¿No viste la propaganda?
No, no la había visto, pero me sonaba para el culo. Salvo algunos casos, las películas independientes era un embole. Estar cerca de un festival así me producía asco.
Aunque peor sería si me quedaba con Bugs, sus mariconas amigas y el resto de los tipos y minas que fingían no mirarme mientras hacían fierros.
—Nos vemos ahí a las seis. Chau.
Corté y me dirigí al vestuario.
—Lucky… —dijo Bugs.
—I know: falta como una hora para completar la rutina, pero terminé acá, ¿okey? ¡Y ni se te ocurra seguirme a las duchas!

Llegué diez minutos tarde al Master Shopping. Matt —puntual a niveles ridículos— estaría dando vueltas por el hall de Hoyts, puteando, con ganas de golpear a quien se le cruzara (mentira: era más bueno que Lassie mutilado). En un mensaje que me había mandado hacía pocos minutos, quedamos en encontrarnos allí. Yo siempre llegaba tarde, a veces a propósito, para gozar viéndolo histérico, y a veces sin querer, y obvio que nunca le daba explicaciones.
Pero no estaba en el hall.
Como no sé quedarme quieto, fui al baño. Seguro le agarraron ganas de mear, pensé. Apenas entré, nadie a la vista. Las puertas de los box, abiertas… salvo las tres más lejanas. De la última podía ver dos pares de calzados, los jeans arrugados por lo caídos. Sabía que Matt no era uno de ellos porque: 1) ni a palos usaba Adidas de marca, y 2) sólo le gustaban las minas.
—Pueden seguir, chicos —dije, y me fui.
Caminando por el hall, quedaba claro que habría un IndieFilmFest: banners en las paredes y colgando del techo, clips cortitos en las pantallas LCD donde pasaban trailers… Hasta en el culo de los boleteros debía haber publicidad. No era nada inspirado el arte: letras blancas, cursivas, pegadas, sobre fondo celeste, y punto.
Si al diseñador le habían encargado un trabajo sobrio, no muy llamativo, se le fue la mano mal.
En lugar de afiches de los estrenos comerciales había posters de las películas que proyectarían en el festival. Algunos tenían onda, por el diseño y los colores y cosas así, pero la mayoría daba lástima: apenas fotogramas —imágenes de personas comunes y corrientes—, con el título y los créditos, y a veces sin fotogramas. Seguro reflejaban lo insoportablemente aburridas que serían esas pelis. Lo mismo que con el logo: menos diez de creatividad para venderte un carajo.
No sé si lo conté, pero puedo hablar con propiedad: soy cinéfilo y me comí garrones con boludeces en blanco y negro, casi sin diálogos ni personajes ni historia ni una mierda. Antes me quedo con pelotudeces como Transformers: por lo menos hay autos, Megan Fox y chongos deseables. Pero como diría Matt: “Lo ideal es cuando se juntan las ideas arriesgadas e intelectuales con el entretenimiento. Cuando eso pasa, surgen obras maestras: Casablanca, Citizen Kane, Jaws, The Dark Knight…”
Cerca de mí, un flaco de mi altura, casi tan rubio como yo, se quedó mirando el horrendo afiche de algo titulado Naturaleza.
—Una pedorrada estos posters —le dije—. Y todavía me quieren hacer creer que el cine independiente es una gloria.
El flaco me miró, serio, y se dio media vuelta.
—Sí, yo también quisiera matar a alguien —dije en voz baja. Saqué mi Sony Erickson y llamé a Matt. Me atendió la vocesita esa diciendo “El cliente tiene el celular apagado o fuera del área de cobertura”, blablablá, la concha de su madre.
Fui al patio central, dominado por la Mesa de Informes del IndieFilmFest. Pibes y chicas, luciendo camisetas del evento bajo un enorme cartel ubicado de manera vertical, atendían a quienes se acercaban. El 80% de quienes consultaban unos cuadernitos celestes debía tener entre 20 y 35 años, y seguro estudiaban cine, porque vestían como Matt y sus amigos: remeras con dibujos de Woody Allen y de Scorsese y de A Clockwork Orange, jeans raídos, camisas a cuadros, anteojos… El look grunge de los pendejos nunca me cerró, ni siquiera en los ’90, pero las minas estaban de diez. Ahí también tenía razón Matt: en el mundo del cine abundaba el buen material femenino. Las había clásicas, fashion, casual, darkies; de pelo largo, cortito, con trencitas; todas tenían estilo y belleza. Aunque tampoco era para volverse loco, por lo menos en mi caso. Les faltaba ese plus indispensable para querer encararlas.
De hecho, ni siquiera quería mezclarme con esos enfermitos de las pelis. Iban en parejas o en grupos que no paraban de hablar entre sí, y luego de agarrar lo que parecían grillas de programación, se sentaban en un amplio sector recreativo, con sillones blancos y carteles del festival, o en los bancos ubicados en los costados.
Escuché que una mina le decía a otra que si alguien filmara una peli sobre su vida, el director sería Jarmush. Una de las amigas dijo que, en su caso, sería Godard.
¡Qué predecibles! Si mi vida tuviera que ser filmada, elegiría a Danny Boyle o a Baz Luhrmann o a una mezcla de ambos. Esos tipos sabían hacer cine con toda la onda.
Sí, con Matt me alcanzaba y me sobraba en materia de cinéfilos incontrolables.
Matt, que seguía sin aparecer.
Tendría que haberle dicho de encontrarnos en mi casa, como habíamos hablado al principio. Y podría haber aprovechado el tiempo para seguir practicando con la bolsa de arena de mi gym privado, al ritmo de “Falling the Pieces” de Faith No More. ¡Cualquier cosa menos el fucking Bugs y estos nerds!
Saqué mi Blackberry y estuve por twittear: “Este lugar apesta y a Matt le voy a meter el blu-ray por el culo”, pero noté que casi todos estaban a full con sus Blackberry, como zombies, y me sentí tan patético que guardé al aparato.
—Peliculón.
Miré a mi derecha. El pendejo tendría dieciséis años y rulos colorados.
—¿What?
Scott Pilgrim.
Había visto el blu-ray que sostenía como un boludo. Para colmo, por los parlantes sonaba “Smile”, de Lily Allen.
—¿Qué escena te copó más?
La cereza del postre: un freak hinchapelotas.
—A mí me mata cuando Scott lucha contra el rubio —movía mucho las manos al hablar, cosa que me ponía nervioso—. Brandon Routh es un muerto. Pero toda la peli es sublime.
 En la remera del pibe se leía, sobre fondo negro, Filmatrón. ¿Sería una peli como Scott Pilgrim?
—Dudo que en este festival o lo que sea den algo tan grosso como esta peli, ¿y vos?
—Ni idea —dije, mirando a todos lados, intentando localizar a Matt y pensando que a veces era un imán para la gente extraña—. No pienso ver nada. Le doy esto a un ahora ex amigo y no vuelvo más por acá.
—¡Mejor! Este festival es una mentira. No sé si leíste o viste algo, pero no van a dar cine independiente posta. La mayoría de las pelis costaron más de un palo verde y actúan estrellas de Hollywood y las bancan Fox o Universal o productoras así. El verdadero cine independiente está hecho con dos pesos (con dos pesos del bolsillo de los que las filman) pero con toda la pasión. No están ni Brad Pitt ni Robert Pattinson, pero hay actores con más garra que hacen lo que esos pajeros nunca harían.
¡Matt y la puta que te parió!
—Ojo, no siempre fue así en el IndieFilmFest. Los directores anteriores le daban cabida a las pelis under de verdad, y sobre todo a las de género. Proyectaban cine de terror, ciencia-ficción, policiales, pelis divertidas, ¡y en la competencia! También se hacían retrospectivas de capos como George Romero, Darío Argento... Pero echaron a esos directores y el nuevo es un snob, un tilingo mal. Lo único que le importan son los “films” orientales, iraníes, las francesas que no cuentan nada… ¡Una mierda! Este año hacen retrospectivas de Win Wenders, del forro de Lars Von Trier... Y cree que con programar algo de Takashi Miike deja contentos a la gente de mi palo. Ni las funciones de Trasnoche quiero ver: van a dar las pelis chinas y coreanas menos buenas. Tengo la teoría de que al director nuevo y sus programadores piensan que por tener un ponja con un cuchillo en vez de un yanqui, la peli es más artística. ¡Puaj! Hay pelis y distribuidoras y festivales independientes independientes, como el Inusual, pero esto es un antro de caretas.
¿Me habrá visto cara de psicólogo?, pensé. Aunque debía admitir que no me estaba cayendo mal el pibe. Tenía actitud, hablaba bien. Yo compartía su modo de pensar, pese a que el cine de terror me era indiferente.
—Si odiás todo esto —le dije—, ¿por qué viniste? ¿Sos masoquista o algo así?
—¡Lucio! —le gritó uno de los pibes de la organización, junto a un equipo de filmación compuesto por una cámara de video vieja ubicada en un trípode—. No jodas a la gente y ponete a laburar.
—Ahí está la respuesta —dijo Lucio—. Mi primo trabaja acá. Un boludo. Y encima me trata como si fuera un bebito. Pero me deja filmar para el backstage. Mirá, es una poronga esa cámara, una antigüedad repesada, pero me la voy a robar para filmar mis propias cosas. Y además, quiero estar en el IndieFilmFest.
Reí y dije:
—Sí, sos un masoquista, man.
Él también rió y dijo:
—No, no, nada que ver. Lo que pasa es que… —bajó la voz—: … estoy saboteando todo. Ya empecé hace unos días, hackeando la página web y jodiendo los carteles pegados cerca del shopping. Tienen que cambiarlos a cada rato.
Recordé que, cuando estaba por ingresar al estacionamiento, vi dos propagandas del festival con la palabra “Indie” tachada con una X roja.
—Es mejor sabotearlo desde adentro. Nadie va a sospechar así.
—Suma que tengas cara de nene buenito —me hice sonar el cuello—. Mejor que sigas filmando. Good Luck.
Estaba por irme a la mierda (ni vidrieras quería ver ya), cuando la vi entrar por las compuertas de vidrio.
Era igual a Kat Dennigs. Una Kat Dennings de labios finos, más hermosa incluso. Se dirigía a la Mesa de Informes al tiempo que comenzaba a sonar la viola de Santana en “Smooth”.
Obviamente, fui tras ella.
En el camino, me tomé mi tiempo para verla detenerse junto a la mesa y hojear una grilla o lo que fueran esos cuadernitos celestes. Usaba botas de cuero negro y una remera naranja que le quedaba sorprendentemente bien. Si se topan con una mina le iba cualquier ropa o peinado o maquillaje, jamás la dejen ir. Casi todos le mundo allí debía pensar lo mismo: ni siquiera las chicas habían dejado de mirarla.
Me puse a su lado, apoyé el codo en la mesa y dije:
—Wow.
Me miró. Adoraba los ojos azules, sobre todo si se complementaban con una cara como aquella.
—¿”Wow” qué? —dijo, no muy deslumbrada.
—Ya están las grillas de programación —recién ahí, de tan cerca, pude notar que los cuadernitos era eso—. Qué rápido.
—Están desde el lunes.
—Yo llegué hace unas horas.
—No sonás extranjero.
—No, pero estuve de viaje y llegué a tiempo para el festival.
Sí, yo siempre tenía una respuesta a mano.
—Mirá vos —dijo, y volvió a consultar la grilla.
Ni mi aspecto físico ni mi encanto la habían impresionado. Hacía mil que no pasaba eso con nadie.
—Soy periodista —seguí inventando.
—Ajá —pasaba las páginas de la grilla.
—Del The New York Times.
Me miró otra vez, hizo una mueca similar a una sonrisa y dijo:
—No me jodas.
—Posta. Soy corresponsal.
—¿Y tu acreditación?
—¿Mi acreditación?
—Sí. Seguro debés estar acreditado.
—Ah, sí. Todavía no la pasé a buscar. ¿Vos sos periodista o algo así?
—No sé muy bien —cerró la grilla, la guardó en su cartera—. Escribo para una revista, pero no me acreditaron. Bah, los directores dijeron que me conseguirían una, pero no supe más.
Sonrió como quien oculta un fastidio, pero así y todo era una sonrisa que te cautivaba.
Sí, tenía mucho de Kat Dennings, sobre todo en Nick and Norah (por suerte, lo único que yo tenía de Michael Cera consistía en su foto del blu-ray). También había algo de Marion Cotillard, y me recordó incluso a Cris, mi primera novia, y —sobre todo por la actitud— a Claire, mi amiga francesa.
Debo tener un fetiche con las minas así.
—Yo te puedo conseguir una acreditación —dije.
—¿Vos? Si no nos conocemos.
—Nos estamos conociendo ahora —miré bien su remera: se veía una cara dibujada, de pelo y cejas blancos, y debajo, las palabras “Fire, Walk with Me”—. Por cierto, muy buena la remera.
Sonrió un poco más y dijo:
—¡Gracias! Amo a David Lynch, y el que hizo esta remera también es un genio.
—Sí, un grosso Lynch, aunque confieso que no lo adoro tanto.
En medio de tonelada de mentiras, conviene decir alguna verdad. Es parte de mi estrategia de seducción.
—Para mí es lo más —dijo ella-—. Sus pelis son magia pura. Tienen una lógica aparte, y las cosas y las personas nunca son lo que parecen ser.
—Totalmente. Ojo, algunas de sus pelis me caen bien, como Wild at Heart y…
Se nos acercó una gorda vestida de negro; casi un calco de Lauren, la de Glee. Saludó a la símil Kat y sin mirar a nadie (ni siquiera a mí) dijo:
—Te estuve esperando, nena. Cuánto jeropa por acá, eh.
—Como en todos lados, baby.
—¿Y, te consiguieron la acreditación los idiotas de tus jefes?
—No los vi todavía. Capaz que…
—Yo le voy a conseguir una acreditación —dije.
La gorda me miró y dijo, cortante.
—¿Y vos quién sos, nene?
—Un periodista importante, dice —intervino Kat—. Che, tomemos algo en Brioche Dorée y marquemos las pelis.
Perfect —dijo la gorda, y empezó a alejarse. Kat la siguió.
—En serio te consigo la acreditación, eh —le dije.
—Como quieras.
—¿Para qué revista escribís?
—Cinema Qualité.
¿What? Ese nombre es más maricón que Bugs y sus locas amigas.
—Cool —dije—. Ah, por cierto, yo soy Lucky, ¿y vos?
Kat me miró con esa sonrisa torcida de antes y dijo:
—Buena suerte.
La gorda también se dio vuelta para mirarme, como queriendo hacerme mierda con rayos láser invisibles, y, sin dejar de caminar, se puso a escribir en su Blackberry.
Me limité a sonreír.
Vi a Matt cruzando rápido el patio, hacia mí.
—¡Mil disculpas! —dijo, agitado—. Salí tarde y mi celular se quedó sin carga, por eso no pude lla...
—Todo bien, man.
—¡Gracias por la peli! ¿La viste? ¿Te gustó?
—Es para nerds como vos y casi todos los que están por acá —le di la peli, que él guardó en su bolso negro—. Voy a acreditarme para el festival.
—¡¿QUÉ?!
—Sí, voy a acreditarme. ¿Adónde tengo que ir para hacerlo?
—A las Oficinas de Prensa, pero…
—¿En dónde están?
—Arriba, en el entrepiso.
—Vayamos para allá.
—Bueno. De paso, aprovecharé para retirar m acreditación.
Seguimos hablando en el camino y cuando subíamos por las escaleras.
—Mirá que ya no hay tiempo para acreditarse —dijo Matt—. El tiempo para hacerlo venció hace dos semanas y el festival empieza mañana.
—Pero con hablar no perdemos nada.
—No entiendo. Si odiás el cine independiente y este festival, ¿Por qué de pronto te querés acreditar?
—Tengo mis motivos.
—¿Es por algo en especial? ¿O por alguien?
—Cuando querés sos muy observador, Matt.
—¿Un chongo?
—Una mina.
—¿Una mina? ¿Pero a vos no te gustan los tipos?
—A mí me gustan muchas cosas. Creí que lo sabías.
—Pero últimamente estabas más con hombres. ¿Qué pasó? ¿Tan buena está esa chica?
Llegamos arriba. Apenas subimos, dos mostradores vacíos, con monitores modernos. A los costados, pasillos con afiches en las paredes blancas y mesas con sillas altas y sillones. Casi oculto, un barcito también desierto. Por todos lados, el anticreativo logo del IndieFilmFest.
Seguí a Matt por el costado izquierdo, hasta llegar a la Sala de Prensa, una habitación repleta de notebooks que seguro serían usadas a partir del día siguiente.
Matt y yo esperamos junto al mostrador.
Sólo otras dos personas cerca de nosotros. El rubio, un clon de Aaron Eckhart, aunque sin presencia. El otro era alto, pelado y con cara de tonto. Siguiendo con el juego de los parecidos, podíamos encontrarle ciertos rasgos de Arnold Vosloo. Un garrón parecerse al villano de The Mummy.
Matt se detuvo antes de llegar hasta donde estaban ellos.
—Mis viejos amigos —dijo, irónico.
Aaron y Vosloo miraron hacia nosotros, pero enseguida se fijaron en los afiches.
—Qué raro, haciéndose los boludos.
Nunca había visto a Matt contener el enojo, porque jamás estaba enojado.
—¿Enemigos? —dije—. No sabía que alguien como vos podía tenerlos.
—No, nada que ver. No son nada. Sólo los directores de una revista para la que escribía. Gran revista, lástima esos dos…
Los miré bien. El calzado de uno era el mismo o parecido al de uno de los tipos que garchaban en el box del baño.
—¿Qué te hicieron, man?
—Para empezar, escribí como tres años ahí y nunca me pagaron.
—¿Y no te quejaste?
—Les mandé mails, los busqué, pero nada. Se hacían los distraídos.
Le palmée el hombro y dije:
—Sos un pelotudo, sabelo.
Una mujer de cuarenta y pico, muy elegante, porte de rectora exigente, salió de una puerta al fondo de la Sala de Prensa y pasó rápido junto a nosotros.
—Esa es Paula —dijo Matt, la Jefa de Prensa. Con ella tenés que hablar. Pero ojo que es media jodida.
Sería pan comido: pude notar cómo había desviado su mirada hacia mí.
—Nos vemos, colega —le dije, y fui tras la jefecita.

Como dirían en el mundo del cine, corte a esa misma noche, en el departamento de Paula. Más precisamente, en su dormitorio.
Había resultado insaciable: me la cogí tres veces por los lugares que se les ocurra, y quería más. Por lo menos, era un pedazo de mujer. ¿Y si la Jefa de Prensa resultaba ser una viejita o viejito? También tenía el speech preparado: “Tengo cáncer, me quedan unas semanas de vida y siempre fui cinéfilo. No quiero perderme este festival, balablabla”.
—¿Entonces ya estoy acreditado? —le dije, jugando distraídamente con uno de sus pezones.
—Claro, bombón —dijo, sonriente, la cabeza apoyada a centímetros de mi verga.
—Así me gusta, putita.
—Eso sí: nunca me dijiste tu nombre completo.
—Nunca lo revelo. Pero poné el que uso en Facebook: Lucas Albarn.
—Agendado. A los acreditados les damos dos entradas por día, pero yo te puedo conseguir más.
—¡Joya!
Detrás de Paula, entre las sábanas revueltas, apareció su asistente. Parecía una adolescente, pero sus documentos —y, sobre todo, su talento para el sexo oral a personas de todos los sexos—, debían indicar un poco más de años.
—Hablá conmigo sobre eso —dijo—. Yo manejo el tema de las entradas.
—Okey.
Se llevó una mano a la concha y agregó:
—Contá conmigo para todo lo que necesites.
—No me cabe ninguna duda —y le di unas palmadas en el culo.
—Y si querés entrevistar a alguien —dijo Paula—, te consigo al que quieras, incluso a Lars Von Trier.
—¿Lars Von Trier? —dijimos la asistente y yo al unísono.
En la otra punta de la cama, debajo de más sábanas revueltas, apareció el segundo asistente de Paula: un flaquito demasiado pasivo para mi gusto.
—¿Lars Von Trier? —repitió él también, acomodándose un mechón.
—Sip —Paula prendió un cigarrillo, le dio una pitada—. Lo de Gaspar Noé se cayó, pero me moví rápido y hace unas horas Von Trier me confirmó que llega mañana.
La asistente dijo que lo amaba. El pibe, todo lo contrario.
—Yo nunca vi nada del tipo —dije—. Ni siquiera Dancing in the Dark, pese a lo que adoro a Björk.
—¿Y lo de Álex de la Iglesia? —dijo la asistente—. Eso también se había pinchado.
Paula le pasó una mano por el pelo y dijo:
—También lo solucioné, pero hasta ahí: viene un director árabe que presenta un documental sobre no me acuerdo qué poronga de las montañas.
Sí, era poco común presenciar charlas de trabajo en medio de sexo duro.
—El qué si está confirmadísimo es Benjamín Biolay. Va a tocar el sábado.
Quiere ser el nuevo Gainsbourg y me debe plata, pero cae bien.
—Puede ser —dijo la asistente, también manoteando el cigarrillo—, pero a nosotras nos encanta.
—A mí también —dijo el chongo.
Paula añadió:
—Es posible que venga, pero a último último momento, un tipo más grosso que Biolay y que los demás boludos —se acarició una teta, sonrió y dijo—: Vincent Gallo.
Los asistentes saltaron y festejaron en la cama igual que dos nenitos durante Navidad.
—¿Mi amigo Vince? —dije, y le saqué el cigarrillo a la pendeja y di una pitada—. ¡Cool!
De verdad éramos amigos, pesé a que en aquel viaje a Paris me había quedado debiendo quinientos euros.
El IndieFilmFest no sería Cannes, pero evidentemente tenía lo suyo. Muchas películas, celebrities internacionales...
... y Kat, o como se llamara. No había dejado de pensar en ella ni cuando penetraba al pibe.
El rechazo (¿fingido?) de Kat había potenciado mi interés. No estaba acostumbrado a que hombres y mujeres se resistieran a mí. Siempre conseguía lo que quería, y de una, y eso termina siendo booooring.
De vez en cuando, los desafíos son indispensables, sobre todo para alguien tan inquieto como yo.
Será una fascinante aventura conquistar a Kat.
Si alguien se atrevía a interponerse... más interesante el juego.
Y, de paso, sabría lo que significaba cubrir un festival de cine. Bah, todos sabemos que no escribiré un carajo, pero estaba dispuesto a exprimirle el jugo.
—Quiero una acreditación más —dije.
—Te doy la cantidad que quieras. ¿Para quién es?
—Para una amiga.
—¿Es tan putito como nosotros?
—Todavía no lo comprobé. Mañana te paso bien los datos.
—¿Sabés una cosa? —me dijo el asistente—. Aunque apenas te vi dije que eras parecido a DiCaprio...
—... como me dice todo el mundo, bah.
—Pero te parecés más a Chris Hemsworth. A cara lavada, especialmente.
Lo miré mal y dije:
—Mataste mi libido.
—Dudo que alguien mate tu libido —y el tarado empezó a coger con la pendeja.
Paula se puso en cuatro y dijo, cual bebota:
—¿Retomamos, Lucky?
—¿La prensa de todos los festivales será como ustedes? —dije, apagué el cigarrillo en la mesa de luz y obvio que seguimos con esa especie de fiesta de bienvenida.


Continuará...


Para contactar a Lucky, vayan a... 




viernes, 13 de mayo de 2011

Poster IndieFilmFest



Poster adelanto de IndieFilmFest, próxima historia de Lucky.
Estará ambientada en un festival de cine independiente (sí, como el Bafici) y será publicada por entregas. En unos días sale la primera parte.

martes, 3 de mayo de 2011

#Paco (Relato twittero y cinéfilo)


(Tweets de Lucky, de las primeras horas del sábado 30 de abril de 2011)


@luckyalbarn En unas horas, visita de amigo cineasta. Dice que los críticos lo odian. Vi su peli. ¿Qué me pareció? Les diré después de medianoche, jaja!

@luckyalbarn Y se lo diré a él. ¿Cómo se llama? Le digo #Paco.

@luckyalbarn Una y pico. Llueve y #Paco sigue sin aparecer. Amo hacer esperar a los demás, pero odio que me hagan esperar a mí.

@luckyalbarn Odio los fucking #FF de @matiasorta!! Sí, estoy de mal humor.

@luckyalbarn Mi buen humor revive gracias a "I Want Your Sex", de #GeorgeMichael.

@luckyalbarn Mensaje por BB. #Paco está en camino.

@luckyalbarn Suena el timbre. #Paco.

@luckyalbarn Por si no lo saben, #Paco filmó una peli, hecha mierda por la crítica. Todo el mundo la odió.

@luckyalbarn Le pedí una copia para ver. No soy crítico de cine, pero quería sacarme la duda. ¿Qué me pareció? En un momento lo sabrán.

@luckyalbarn #Paco tiene un aspecto de mierda. Dice que no pudo dormir por los ataques de los críticos. Supura veneno, el hijo de puta.

@luckyalbarn #Paco “Dejá de escribir y escuchame!”. Odio que me levanten la voz, pero me quedo tranca.

@luckyalbarn Mis oídos, casi sangrando de escuchar la mala onda de #Paco.

@luckyalbarn #Paco dixit: “Hay que exterminar a los críticos. Son todos unos fachos del orto!”.

@luckyalbarn #Paco dixit: “Esos pelotudos se sienten frente a la pc y escriben y se creen dioses o l oque sea. No saben lo que es hacer cine”.

@luckyalbarn #Paco dixit: “Quiénes se creen para decidir sobre el éxito o el fracaso de un FILM? (lo dice pronunciando bien fuerte). No son artistas! No son NADA!”

@luckyalbarn #Paco dixit: "Estoy armando un proyecto de ley para abolir la crítica, o para que nosotros podamos criticarlos a ellos, putos de mierda!".

@luckyalbarn #Paco dixit: “Son unos chupaculos de las corporaciones! Si dicen saber tanto de cine, que se pongan a filmar, como hago yo”.

@luckyalbarn #Paco dixit: “SON UNOS CORRUPTOS HIJOS DE MIL PUTA, QUE NO VALORAN A LOS ARTISTAS!!”

@luckyalbarn (sí, boring todo esto)

@luckyalbarn Milagro! #Paco se sienta a respirar un poco. Me siento frente a él.

@luckyalbarn #Paco: “Y a vos qué te pareció mi film, Lucky?”.

@luckyalbarn Yo: “Lo vi anoche”.

@luckyalbarn #Paco: “¿Y?”.

@luckyalbarn Yo: “Está bueno. Tiene onda”.

@luckyalbarn #Paco (se le ilumina la cara): “En serio te gustó? Qué bueno, porque yo filmo para el público, no para esos putos malcogidos de los críticos”.

@luckyalbarn Yo: “Me gusta cuando el negro y la gorda cogen en el baño roñoso. Me cagué de risa!!”.

@luckyalbarn #Paco: “Te reíste? Pero si esa escena es erótica y dramática!”.

@luckyalbarn Yo: “Dramática? Pero las poses y lo que ella gime y cuando se enchastran con caca... Un cago de la risa mal!!”.

@luckyalbarn #Paco: No, no, no! Esa escena no es cómica!”.

@luckyalbarn Yo: “Pero te salió cómica, man. Congrats!”.

@luckyalbarn #Paco (nervioso): “No, no puede ser! Esa no era mi intención!!”.

@luckyalbarn Yo: “Otra parte buena pero dura es cuando el enano baila como Rick James. Muy emotiva”.

@luckyalbarn #Paco: “Emotiva? What? Si es graciosa!”.

@luckyalbarn Yo: “No, no me reí. Me pareció supertriste, loco. Y eso que yo no lloro con pelis”.

@luckyalbarn #Paco: “No, no quise hacerla triste sino desopilante. Fellinezca!”.

@luckyalbarn Yo: “Si vos lo decís...”

@luckyalbarn #Paco: “Uy uy... ¿Y tu personaje favorito? ¿Cuál te pareció el más logrado?”.

@luckyalbarn Yo: “Son dos preguntas distintas. Pero mi favorito, lejos, es el mogólico, el Corky”.

@luckyalbarn #Paco: “Ehh? Cuál mogólico si no hay ningún mogólico en mi film”.

@luckyalbarn Yo: “Sí, el hijo de la pelirroja!”.

@luckyalbarn #Paco (le están por explotar las venas del cuello) “No es mogólico ese chico!!!”.

@luckyalbarn Yo: “¿Estás seguro? Con esos ojos saltones y esa boca siempre abierta... debe ser Corky, aunque te dijeron que no”.

@luckyalbarn #Paco: “NO NO NO!!! YA TE PARECÉS A ESOS CRÍTICOS FORROS!! Andá, date la mano con ellos”.

@luckyalbarn #Paco: “SOS UNA MIERDA IGUAL QUE TODOS ELLOS”.

@luckyalbarn Yo: “pará, man, pará...”

@luckyalbarn #Paco: “NO PARO UNA CARAJO. PENSÉ QUE ENTENDÍAS ALGO DE ARTE, PERO NO. SOS OTRO IGNORANTE, COMO ESOS CAGATINTA!!”.

@luckyalbarn #Paco se levanta, yo me levanto. Parece un babuino enfurecido.

@luckyalbarn #Paco: “No entendés nada, pelotudo de mierda...”.

@luckyalbarn Quiere darme una piña, pero la esquivo y le doy un cabezazo que lo deja tambaleante. Lo derribo, le doy una patada en la cabeza. Queda inconsciente.

@luckyalbarn Yo: “Si tu peli es una garcha, nadie tiene la culpa”.

@luckyalbarn Miro mi colección de DVDs y Blu Ray y considero hacérselos tragar a #Paco, así aprende algo de buen cine. Pueden opinar ustedes, followers!

@luckyalbarn Podría hacerle tragar #Jaws #TheGodfather #PointBreak #Scarface #MoulinRouge #BackToTheFuture #TheSilenceOfTheLambs

@luckyalbarn … O podría meterle los discos por el culo. Uno por uno. Total, después compro copias nuevas.

@luckyalbarn Pero tanto me cansó este tipo, y tan embolado estoy por su culpa...

@luckyalbarn Tanto me cansó, ya con su intento de película...

@luckyalbarn ... que agarro el Bowie y le corto la yugular.

@luckyalbarn No perderé más tiempo con #Paco.

@luckyalbarn Me voy a escuchar a Beady Eye. Chau! La próxima no traeré a boludos que se creen artistas.

@luckyalbarn Por cierto, los críticos me caen bien. @matiasorta, sos complicado, igual pero te banco!


Para contactar a Lucky, vayan a... 

#Paco Propaganda

Fotos de promoción del cuento “#Paco (Relato twittero y cinéfilo)”. Un cuento, dicen, inspirado en la cruzada de Diego Rafecas contra los críticos de cine.

#Paco se creía Spielberg.

 
#Paco se creía Scorsese.


#Paco se creía Tarantino.

jueves, 21 de abril de 2011

Gloria Estefan

Todos tenemos placeres culpables. Hasta Lucky, como lo hizo saber en  "Free Your Mind". Eh aquí los temas de Gloria Estefan que suenan en el cuento y que nuestro playboy favorito no se cansó de bailar y cantar.




lunes, 4 de abril de 2011

Free Your Mind


—¡BORING! —dije, y me levanté de la mesa.
—Ey, Lucky —dijo Alan—, la noche ni empezó.
—Sí, es la una y pico y ya me aburrí.
Estábamos Alan, Barbie, Nic, Lola y yo, tomando unos tragos en Newbery. Había buen clima, sonaba “Hot N Cold”, de Katy Perry…
Pero, como saben, yo siempre quiero más.
—Es verdad —dijo Nic, y también se levantó—. Yo también me estoy durmiendo. —sacó su BlackBerry, listo para escribir—. ¿Adónde podemos ir?
—Vos, ni idea. Yo ya sé muy bien. Poné eso en Twitter.
Lola se rió y dijo:
—Ah, entiendo —miró a nuestro alrededor—. ¿Por qué tenés que meterte en una disco gay? ¡Acá hay re buen material para vos, Luck!
Hice una mueca y dije:
—Ya me cogí a la mitad, y la mayoría no sabe ni pajearse.
—¿Chongos?
—Chongos y minas. Hasta las paredes me garché.
Sin dejar de morder el sorbete de su Mojito, Barbie me pasó una mano por la pierna y dijo:
—Yo te puedo acompañar.
Me solté despacio y dije:
—Thanks, prefiero ir solo.
—Dale, vayamos a mi depto. Lola nos acompaña —le guiñó un ojo—. O Nic —también le guiñó el ojo, y él frunció el ceño. Me miró otra vez—. Dale, Luck, hacé de cuenta de que estás con Angelina Jolie. ¿No decís que me parezco a ella?
—Sí, obvio —dije—. Admito que es una idea tentadora, Barb, pero hoy no —miré a los cuatro—. Ustedes quédense, los veo muy cómodos. Seguro después vuelvo. Nos conectamos con el chat de BlackBerry.
—Siempre decís lo mismo y nunca volvés —dijo Alan riéndose.
—Y ustedes se siguen quedando, como si no hubiera ningún otro pub o disco o lo que sea —los señales bien—. ¡Son unos fucking burgueses aburridos!
—¡Chupame la pija!
Nos cagamos de risa, Lola y Nic me tiraron bollos de papel, hice como si me hubiera pegado tiros, volví a reír y fue a la puerta. En el camino, la gente me saludaba y sonreía y pedían que me quedara, que Newbery no era lo mismo sin mí.
Les dije lo mismo:
—En un rato vengo. ¡No me extrañen!
Miré de nuevo a mi grupo. Más allá de los chistes, los boludos se ofendían en serio cuando solía irme de golpe. Todo bien, no por eso dejábamos de ser compañeros de vida nocturna. Además, les resultaba conveniente tenerme de amigo. Ellos no conocían tanta gente top ni eran tan influyentes ni desparramaban tanta onda como yo. Me hipernecesitaban.
Salvo por dos perros escotadas que caminaban enfrente, la calle estaba desierta. Increíble cómo un poco de viento asusta a muchos pelotudos. Desde ahí se escuchaba “The Roller”, de Beady Eye, la banda de los ex Oasis. Consideré regresar y sorprender a mis amigos, pero decidí que esa noche no estaba dispuesto a presenciar cómo Nic —chorreando alcohol hasta por las orejas—, pretendía seducir chicas queriendo bailar como Travolta al ritmo de “Love Me Love Me” de Jimmy Cliff. No más show de la vergüenza ajena.
Sabía que quería hacer algo más… pero no concretamente qué (sí, le mentí a Nic). ¿Relax? Interesante opción, aunque mi antojo pasaba por otro lado. Ni hombres ni mujeres. Tampoco animales, y menos cadáveres.
Doble en una esquina, rumbo a mi 4x4. Cuando apagué la alarma a medio camino, alguien se sobresaltó en un costado, junto a un árbol. Una silueta como de chico, que no huyó; se quedó paralizada.
—¿Todo bien? —dije, y cuando me acerqué, pude ver bien.
Era una nena de unos diez años. Tenía ojos grandes, como de pescado, y desviados. El blanco de los ojos era lo único de ese color en toda la cara. Por el pelo tan largo y feo, bien podría haber sido un pibe. Whatever, sostenía dos cajas de cartón aplastadas, que seguro había sacado del canasto ubicado a unos metros. Vestía ropa oscura y olía como un cementerio.
Miré a todos lados. Nadie cerca.
—No te preocupes, eh, soy más inofensivo que Bob Esponja.
Parpadeó. Noté que quería esbozar una sonrisa. Sí, por esos rasgos finos era una pendeja.
—¿Sola?
Me le acerqué un poco más, con cuidado de no asustarla, y le dije, sonriente:
—Soy Lucky. Y vos sos…

Cinco minutos después, ella iba en el asiento del acompañante. Nos dirigíamos a mi casa, por un poco de privacidad. En la radio, Ziggy Marley cantaba su One Hit Wonder: “Tomorrow People”. Ese tema me recordaba mis comienzos. También la nenita apenas la sorprendí con las cajas de cartón. Sin dudas, una madrugada que había pintado deliciosamente retro.
—¿Estás cómoda? —le pregunté.
No la había convencido prometiéndole dinero, cigarrillos o drogas: sólo quería un poco de comida.
—Qué suerte la tuya. Diste con un chef. Okey, un chef amateur, pero chef al fin, ja.
La nena no hablaba.
—Nunca me dijiste tu nombre. ¡Ah, ya sé! ¿Ves Los Simpson?
Asintió, tímida.
—¿Viste cuando Homero cae en esa isla del Pacífico y lo confunden con un misionero? Me hacés acordar a la nena de esa isla. Lisa Junior. Así te vas a llamar esta noche, ¿okey? ¿Está bien?
Lisa Junior susurró un “ajá”.
—Si hablás no te tiro de la camioneta, eh —me reí—. Estás con alguien de confianza. Estás con Lucky.

Ya en casa, me saqué la camisa y preparé algo rápido pero con clase: peceto cocido con vino tinto y mostaza, alternado con ananá, y risotto (carnaroli, no cualquier arroz), más un toque de hongos frescos. Para acompañar, humus y salsa de ciruelas, para potenciar el irresistible sabor agridulce. La salsa había sobrado de una cena con amigos la noche anterior. A ellos les encantaba esta comida (no es mi plato favorito, pero todos lo aman), y a Lisa Junior también le fascinaría.
 —Te aseguro que nunca probaste nada como este manjar.
Por la puerta de la cocina veía a la nena caminando en el living-comedor. Sostenía una latita de Coca Cola que acababa de darle. Ahora estaba limpia, ya que la había hecho bañar un rato atrás. En lugar de su ropa mugrienta ahora lucía una de mis remeras con la inscripción Harvard University y unos shorts. La manera en que observaba los muebles y el LCD y el equipo de audio Aiwa y la laptop, todo eso me remitió a mi época de teenager, cuando llevaba a casa los primeros chicos. Detesto la nostalgia, prefiero mirar para adelante, pero en ese momento hice una excepción. De hecho, sonaba “Supersonic”, de Oasis.
 —Me gusta Beady Eye, pero no se compara con Oasis.
Serví el peceto y un cubo de risotto en uno de mis platos cuadrados, ideales para comida gourmet.
—¡Listo!
Recién sentada a la mesa, Lisa Junior se lo quedó mirando como si fuera algo caído de un meteorito.
Me senté frente a ella y le dije:
—No te preocupes, que le puse veneno que te mata en un segundo, sin sufrimiento.
Me miró con ojos desorbitados.
Sonreí y aclaré que era un chiste.
—¿No me creés? —agarré un tenedor y probé un poco. Delicioso. Ni Hannibal Lecter cocinaba a mi nivel (¡Ey, no sería mala idea probar con otro tipo de carnes y órganos!). Pensé en fingir que me moría envenado, pero era una broma recontra quemada.
Lisa Junior perdió la vergüenza (o el hambre pudo más) y empezó a comer. Se concentró en la carne y en el risotto, separando las rodajas de ananá. Evidentemente, no le gustaba combinar lo dulce con lo salado. Qué mala onda.
Lástima que la carne y el arroz van a terminar convertido en vómito dentro de unos minutos.
Empezó a sonar “Rock N’ Roll Star” y, como no sirvo para estar quieto, me paré y bailé. Moví piernas, brazos, la cabeza... Agarré uno de los palos de golf que tenía más a mano y lo usé de micrófono y de guitarra y de bastón que revoleé como una cheerleader...
—Un tema de puta madre, ¿no? Lo amo, me reidentifica... —paré de moverme—. Pero admitamos que no da tanto para danzar posta. Y por esa cara seria que tenés seguro te gusta Blur. ¿sabés algo? A mí también.
Con sólo apretar el control remoto del Aiwa sonó “Girls & Boys”, bailé, un paso acá, otro paso allá, un giro loco…
—Tengo una mejor idea. Follow me —le dije a Lisa Junior, y tiré el palo de golf y troté hasta LuckyDance. Al notar que no venía conmigo y seguía sentada, volví y dije—. Vení.
Ahora sí se levantó, con cautela.
LuckyDance era un cuarto que me había dedicado a equipar y caracterizar como una disco cualquiera, incluso más a mi gusto. Coloqué una barra, tres mesas con cuatro sillas cada una, y cinco bolas espejadas pendían sobre la pista. Agarré uno de los controles remotos ordenados en la barra, apagué las luces, apreté un botón y, desde una esquina, un aparato iluminó las bolas espejadas con luces de varios colores, provocando el deseado efecto discotequero.
—Okey, lo que voy a poner es hiperhipertrash, pero me encanta y me banco.
Por los enormes y potentes parlantes comenzó a atronar “Get on your Feet”, de Gloria Estefan, y mis piernas cobraron vida.
—¡El colmo del placer culpable, diría De Giacomi!
Y me puse a bailar en la pista. Con ese el tema, Dev, Adrien y yo nos volvíamos locos en LuckyDance, y el resto de los invitados se prendía. Sí, todos tenemos placeres culpables, y es genial que los demás siempre se enganchen con los míos. Se enganchan con casi cualquier cosa que yo haga. Digamos que sé marcar tendencia.
Haciéndome el clown, fingí que me tropezaba y Lisa Junior se rió. No había dejado de mirarme, pero ahora reía. La agarré de una mano e hice que se moviera también.
—Dale, seguís mis movimientos que yo te llevo —y le tiré una de mis frases favoritas—: Te voy a hacer danzar hasta que alcances el orgasmo musical.
La hice bailar salsa bien en mi estilo: clásico y moderno, con giros de bailarín profesional. ¡Tony Manero y Mike Chan, go home! Entre las luces multicolores pude notar que la pendeja sonreía, que me seguía el ritmo o al menos trataba de seguirlo.
Me puse a cantar es estribillo:
Get on your Feet / Get up and Make it Happen. ¡Dale, cantá conmigo! Get on your Feet / stand up and take some action.
Y Lisa Junior intentó cantar algo, pero no le salía y nos reímos.
Éramos iguales o mejores que Patrick Swaize y Jennifer Grey en Dirty Dancing. Un Dirty Dancing con ácido lisérgico, lo admito.
Cuando el tema terminó, quedamos en pose de bailarines de ballroom y Lisa Junior volvió a reír. Yo también reí y le dije que se había movido de puta madre. Ella reía abriendo mucho la boca, revelando dientes podridos, con pedazos de risotto y de peceto, detalles que podía detectar pese a la iluminación discotequera.
Sin dejar de reírme yo también, le di una piña que la dejó desmayada en medio de la pista.
Get on your Feet

Cuando despertó, yacía desnuda y amarrada sólo de manos, sobre manteles de plástico. Seguíamos en la sala de baile, pero ahora con luz normal.
—Te debo mi imitación de Angus Snow. Dicen que me sale igual, aunque Russell Brand es insuperable.
Lisa Junior gritó detrás de la mordaza, lloró, se retorció. Lo que hacían todos en esa situación, bah.
—I know, son un toque fríos esos manteles, pero en un rato esa va a ser la menos importante de tus preocupaciones.
Quedé tan copado con Gloria Estefan que seguía sonando de fondo. Ahora, “Bad Boy”, cosa que me causó gracia. Y no, no paraba de mover los pies ni de hacer giros de vez en cuando.
—Sos parecida a Lisa Junior —Cantando el estribillo de la canción (Bad bad bad bad boy), me agaché a la Caja de Herramientas y saqué la tijera de podar de 20 cm—. Pero podrías parecerte todavía más.
Agarré una de sus manos.
—Cuando tenía quince años… —formó un puño, la pinché hasta que separó los dedos—… llevé a mi casa anterior a un pendejito rubio… —cacé el pulgar—… al que le decían Bart. Y le dije que, aunque se parecía mucho… —abrí la tijera de modo que las hojas metálicas quedaran arriba y abajo del dedo—… siempre podía quedar como el Bart de la televisión —y corté. Háganse una idea de cómo chilló la pendejita.
También mutilé el pulgar de la otra mano. Ninguno de sus pataleos me detuvo. Con mi best friend el soplete cautericé las heridas al toque. No quería que se desangrara.
—En Los Simpson… —pasé la yema del índice por los muñones, y le susurré al oído —:… todos tienen cuatro dedos —y mordí el lóbulo de la oreja.
Volví a la Caja y saqué el Bowie… pero no me dieron ganas de usarlo. Tampoco los otros cuchillos, y menos el taladro DeWalt. Quería probar algo novedoso, o no muy probado recientemente.
¡Bingo!
Fui al living y volví con el palo de golf. Me coloqué en pose de jugador. En vez de la pelotita correspondiente, medí la cabeza de Lisa Junior, listo para tirar.
—Mi deporte favorito, ponele.
Obvio que no tiré.
 —Me caés bien, Lisa Junior. Posta. Y por eso te voy a dejar ir.
La pendejita se quedó quieta, escuchando.
—Sí, podés volar de esta casa, right now.
Me miró. Otra persona en mi lugar se hubiera quebrado ante esa carita de animal moribundo.
—Okey, con dos dedos menos, pero vas a salir viva.
Lisa Junior cerró los ojos, como si se sintiera aliviada.
—Pero para salir… —le saqué la mordaza—… traducime al castellano esta frase: “Free your mind”.
Frunció el ceño, gimió, respiró fuerte y gritó. Era un grito agudo y potente, aunque había escuchado mejores.
—Estas paredes son muy sólidas, por si te interesa saber —me crucé de brazos, como un profesor exigente—. Vamos, si querés salir de acá, traducime “Free your mind”. ¡Dale, que es refácil! Podría haberte dado “Don’t stop believing”, pero “Free your mind” es menos complicada.
Lisa Junior se retorció y siguió gritando hasta que se le quebró la voz.
—No sabés nada de inglés, ¿verdad?
La nena ahora apenas lloraba.
Le di un palazo en la espalda y grité:
—¡¿VERDAD?!
A lo que Lisa Junior dijo:
—No sé.
Me incorporé, caminé por la sala, agité el palo de golf, miré a la fucking pendeja.
—Sos uno de los pocos seres vivos que no sabe nada de inglés —dije, sacado, sin parar de caminar—. Hoy en día todo el mundo sabe algo de inglés. ¡Everybody! Es el idioma universal. Hasta los más ignorantes por lo menos escriben en inglés. Si ahora salgo y le pregunto a un perro si sabe hablar en inglés, seguro me responde: “Yes, man”. ¡Todo el mundo habla en inglés! (y te lo digo posta porque conozco cada rincón del fucking planeta Tierra). ¡Escuchá, escuchá a Gloria Estefan! —en ese instante sonaba “Rhythm is Gonna Get You”—. Es cubana pero canta en inglés. I know, canta en castellano también, pero le va mejor con el inglés. Por eso a tu familia y a tus amigos, si los tenés, sólo les dé la cabeza para juntar mierda en las calles: ninguno debe saber inglés. Pero incluso ustedes tendrían que haber aprendido algo: hay carteles en inglés, volantes con palabras en inglés, negocios con nombres en inglés… Ustedes, o son idiotas o poco observadores o no tienen ganas de educarse. Prefieren apilar cartón que aprender el significado de la palabra shit. ¿No ven televisión ustedes? ¿Ni siquiera por los LCD de las vidrieras? Todas las pelis que pasan son en inglés. Subtituladas, okey, pero se puede aprender así. Aunque seguro que si pasan las de Pirates of the Caribbean deben quedar pelotudos con los efectos especiales o con Johnny Depp (un capo Johnny). ¡Fuck, estoy sonando como los fucking boludos que hacen stand up! Es por tu culpa.
Me arrodillé detrás de Lisa Junior, separé las piernas, apreté los muslos demasiado gordos para alguien que con suerte comía una vez por semana. Le abrí el culo y miré su ojete: diminuto, negro, estrecho. Nunca penetrado. Mi verga se irguió como un cohete de Cabo Cañaveral.
—Pensé que eras distinta, Lis —escupí el ano, apoyó mi glande—. Creí que sabían el significado de palabras como “Fuck”… —la penetre y ella chilló cual porcino en el matadero, aunque nunca estuve en un matadero—… “Cool” —otra embestida—… “Little girl”… —embestida—… “Ass”… —embestida—… “Sweet”… —embestida—… “Baby”… —embestida—… “Inside”… —embestida—… “Hot”… —embestida—… “Enjoy”… —embestida—… ¡YEAHHH!
La solté, todavía con ganas de más, pero me contuve. Lisa Junior temblaba y transpiraba, como si la hubieran bañado con esas mangueras de las prisiones. También había vomitado (¡Qué les dije, eh!).
—Como soy buena persona —murmuré, acariciándole el pelo—, te voy a dar otra oportunidad.

Luego de ayudarla a levantarse y de ponerle una bata, llevé a Lisa Junior a mi home theater y la senté en el sofá. Para que no se le ocurriera ninguna idiotez, le até las piernas.
—Todo en Blu-ray —dije, y le mostré mi colección de películas—. Pocas pero buenas, eh.
Lisa Junior miraba el piso. El pelo le cubría casi toda la cara, como los fantasmas de las fucking pelis de terror japonesas. ¿Tan poco le importaba el televisor LCD Samsung nuevo, de 52’’, que tenía enfrente?
Revolví las pelis. No sabía si poner Point Break, School of Rock, Get Him to the Greek (¡I love you, Russell!) o…
 —¡Of course!
Y saqué Matrix, edición especial con cinco discos.
—¡Vamos, seguro la viste!
Me miró, los ojos enrojecidos de tanto llorar.
—¿Nunca la viste?
Negó con la cabeza.
—¿Cuántos años tenés?
Hablando casi en un susurro, dijo:
—Ocho.
—¿Pero tus viejos no te hablaron de Matrix?
Gimió.
—¡Son unos fucking cavernícolas! Voy a cambiar eso.
Puse la peli. Apagué las luces y me senté al lado de Lisa Junior.
—Okey, entonces sigamos con el jueguito anterior. Soy tan, pero tan buena onda, que te voy a ayudar en la oportunidad de ahora. La frase “Free your mind” se dice en algún momento de la peli. Eso sí: tenés que decirme qué significa en castellano. Y si pensabas que no soy lo suficientemente copado, la puse con subtítulos. ¡Tenés tu boleto de salida bien en bandeja!
Vimos cómo Trinity escapaba de los agentes, cómo Neo era arrestado por el Señor Smith, cómo Neo se encontraba con Morpheus…
—Peliculón Matrix, pero me quedó con Inception, más que nada porque Marion Cotillard y Tom Hardy me calientan más que Keanu Reeves y Carrie Ann Moss.
Llegamos a la parte en la que Morpheus le dice a Noe: “Free your mind”, pero Lisa Junior no saltó. Y eso que estaba en silencio, la boca un toque abierta, igual que alguien a quien acababan de lobotomizar.
Estuve por poner Stop, pero decidí dejar que terminara de verla. A mí también me gustaría que me mostraran una peli genial si supiera que voy a terminar como ella dentro de pocos minutos.
Una hora y pico después, Neo salió volando de la cabina telefónica y aparecieron los créditos finales.
—Bueno —prendí las luces con el control remoto correspondiente, puse una mano en el hombro de Lisa Junior—, ahora decime qué significa “Free your mind” en castellano.
Sin parar de temblar, la pendejita se mordió el labio inferior, cerró los ojos.
—Apareció en el subtítulo, ¿no te acordás?
Lloró de nuevo.
—¿No leíste esa parte?
Los mocos le chorreaban por la nariz.
—Quiero pensar que leés los subtítulos de las pelis, ¿no es así?
Lloró más fuerte.
—Te mentiría si dijera que no lo sabía.
Me miró, la cara roja y empapada, y dijo:
—Q-quiero verla… otra vez. Es-esa parte quiero v-ver… otra vez.
—¿Again? No, ni ahí, pero te canto la última última ayuda: “Free your mind” es lo que estás necesitando, vos y los tuyos. Dale, pensalo.
Lisa Junior agachó la cabeza y lloró.
Sonreí, le di unas palmadas en la pierna y dije:
—Lo que me encanta de vos, que no vi en otros pendejos, es que sabés pronunciar las “eses”. ¡Congratulations! —y agregué—: La cagada es que ni eso alcanza para salvarte. ¡No today!
Ahí mismo le arranqué la bata. Forcejeó tanto que la tuve que golpear para que se calmara. La agarré de las piernas, pasé unos dedos por su ojete. Extendí el otro brazo hasta el palo de golf.
—Como no entendiste nada —acerqué la cara del palo en el agujero—, voy a explicarte lo de “Free your mind”, el bullet-time, por qué Keanu Reeves es tan poco expresivo… ¡y toda la fucking peli!
Y la embestí.

Me acosté en uno de los sillones del home theater, latita de Coca-Cola en mano. La bebí de un saque. Estaría amaneciendo.
—Tengo que comprar un LCD nuevo. Este ya pasó de moda hace dos minutos. ¿Qué opinás, Lis?
A unos metros, Lisa Junior permanecía callada. En realidad, permanecía sin vida. Nueve palos de golf asomaban por su culo. Tiré la latita y me acosté junto a ella, mi cara a centímetros de la suya. Sus ojos habían quedado demasiado abiertos.
—En tu otra vida (si es que hay otras vidas, obvio), asegurate de aprender a vivir. De hecho, aprovechá para aprender algo de inglés. Aunque sea lo básico. Aprendé a... liberar tu mente.



Para contactar a Lucky, vayan a...